Rabietas
Las rabietas son una forma en la que un niño de corta edad expresa sus emociones fuertes antes de aprender a expresarlas de una forma socialmente aceptable. Aunque puede parecer que el niño está totalmente fuera de control, estas demostraciones de furia, el dar patadas, gritar o tirarse al suelo son una parte normal del desarrollo infantil. Las rabietas a menudo se producen sólo con los padres. Es una forma por la que el niño comunica sus sentimientos. Los padres pueden aprender de sus hijos comprendiendo la situación que provocó la rabieta.
Las rabietas a menudo empiezan a la edad de 1 año aproximadamente y continúan hasta los 3 años de edad. Casi todos los niños las tienen, pero a la edad de 4 años la mayoría de los niños desarrolla el autocontrol necesario y las rabietas cesan.
A medida que un niño de corta edad aprende más y se hace más independiente, quiere hacer más de lo que puede controlar física y emocionalmente. Esto es frustrante para el niño y las frustraciones se expresan de varias formas. Las rabietas son peores y se producen más a menudo cuando el niño tiene hambre, está cansado o enfermo. Algunas razones por las que los niños tienen rabietas incluyen las siguientes:
Aunque las rabietas algunas veces se producen sin aviso, los padres pueden a menudo saber cuándo un niño se está enfadando. Conocer las situaciones en las que hay más probabilidades de que su hijo tenga una rabieta y prevenirlas puede ayudar. Un ejemplo es no permitir que su hijo se canse demasiado o tenga hambre. Algunas sugerencias para prevenir o reducir al máximo las rabietas incluyen las siguientes:
Los siguientes son consejos útiles relacionados con las formas más apropiadas de responder durante una rabieta de su hijo:
Las rabietas generalmente suceden con menos frecuencia a medida que los niños van creciendo. Los niños deben jugar y actuar normalmente entre las rabietas. Sin embargo, consulte con el médico de su hijo si ocurre cualquiera de las siguientes cosas:
- Las rabietas son fuertes, duran mucho o se producen muy a menudo.
- Su hijo tiene muchos problemas para hablar y no puede decirle lo que necesita.
- Las rabietas continúan o empeoran después de los 3 ó 4 años de edad.
- Su hijo tiene síntomas de enfermedad junto con las rabietas o se aguanta la respiración hasta desmayarse.
- Su hijo se daña a sí mismo o a otros durante las rabietas.
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