Trastorno de Estrés Postraumático
El trastorno de estrés postraumático (su sigla en inglés es PTSD) es un trastorno agobiante que a menudo sobreviene a una experiencia aterradora, ya sea física o emocional, y que origina pensamientos y recuerdos persistentes y atemorizantes del hecho en la persona que logró sobrevivir. Las personas que tienen PTSD a menudo se sienten crónica y emocionalmente paralizadas. Generalmente, cuando este trastorno se presenta en adolescentes, se vuelve crónico.
A continuación se enumeran algunas de las circunstancias que pueden desencadenar el PTSD:
- acontecimiento en la vida de la persona.
- acontecimiento en la vida de un allegado.
- acontecimiento que la persona presenció.
El riesgo de que un adolescente desarrolle PTSD a menudo se ve influenciado por su proximidad y relación con el trauma, la gravedad, duración y recurrencia del suceso traumático, la capacidad del adolescente de recuperación y para sobrellevar el trauma y los recursos de apoyo de los que dispone la familia y la comunidad después del o los sucesos.
A continuación se enumeran algunos ejemplos de acontecimientos catastróficos o mortales que, de ser presenciados o experimentados por un niño o un adolescente, pueden provocar PTSD:
- accidentes graves (por ejemplo, los accidentes automovilísticos o ferroviarios)
- catástrofes naturales (por ejemplo, las inundaciones o terremotos)
- catástrofes provocadas por el hombre (por ejemplo, bombardeos)
- ataques personales violentos (por ejemplo, un asalto, una violación, una tortura, el cautiverio o un secuestro)
- abuso físico
- agresión sexual
- acoso sexual
- abuso emocional
- abandono
Se calcula que todos los años más de 5 millones de niños en Estados Unidos están expuestos a algún tipo de trauma. De acuerdo con el Centro Nacional para el Trastorno del Estrés Postraumático (Nacional Center for Post Traumatic Stress Disorder), entre los niños y adolescentes que han experimentado un trauma, del 3 al 15 por ciento de las niñas y del 1 al 6 por ciento de los niños pueden recibir un diagnóstico de trastorno de estrés postraumático (PTSD).
A continuación se enumeran los síntomas más comunes del PTSD. Sin embargo, cada adolescente puede experimentarlos de una forma diferente.
Los niños y adolescentes que padecen PTSD experimentan angustia emocional, mental y física extrema cuando se ven expuestos a situaciones que les recuerdan el suceso traumático. Algunos vuelven a vivir el trauma repetidas veces ya sea en sus pesadillas o mediante recuerdos perturbadores cuando están despiertos, y pueden presentar también todos o algunos de los siguientes signos:
- alteraciones del sueño
- depresión
- sensación de inquietud, de "estar en guardia"
- facilidad para sobresaltarse
- pérdida de interés en cosas que solía disfrutar; desapego; ausencia general de capacidad de respuesta; sensación de aturdimiento
- dificultad para demostrar cariño
- irritabilidad, mayor agresividad (e incluso violencia) que antes del suceso traumático
- evitar ciertos lugares o situaciones que despiertan recuerdos desagradables
- imágenes perturbadoras recurrentes (estos recuerdos pueden tomar la forma de imágenes, sonidos, olores o sentimientos y la persona por lo general cree que el suceso traumático está repitiéndose)
- pérdida de contacto con la realidad
- vivencia recurrente de un suceso traumático que puede durar unos segundos, horas o, muy raramente, días enteros
- problemas en la escuela; dificultad para concentrarse
- preocupación por morir joven
- conducta regresiva (comportarse como si tuviera menos edad, por ejemplo, succionarse el pulgar, incontinencia nocturna)
- síntomas físicos (por ejemplo, dolor de cabeza, dolor de estómago)
No todos los niños y adolescentes que experimentan un trauma desarrollan PTSD. El trastorno se diagnostica sólo si los síntomas continúan durante más de un mes y tienen un efecto negativo sobre la vida del adolescente y sus actividades. En el caso de quienes sufren PTSD, los síntomas se inician unos tres meses después del suceso traumático, aunque pueden manifestarse también muchos meses o años más tarde.
El trastorno por estrés postraumático puede presentarse a cualquier edad, incluso en la infancia, y muchas veces va acompañado de otras manifestaciones, como por ejemplo:
- depresión
- abuso de drogas
- ansiedad
La duración del trastorno es variable. Algunas personas se recuperan en el curso de seis meses, mientras que otras padecen los síntomas durante mucho más tiempo.
Un psiquiatra infantil u otro profesional de la salud mental calificado normalmente diagnostica PTSD en niños y adolescentes a partir de una evaluación psiquiátrica completa. Los padres que advierten síntomas del trastorno en sus niños o hijos adolescentes pueden ayudarlos procurando una evaluación y tratamiento precoces, decisión clave para reducir la aparición e incidencia de problemas en el futuro.
El tratamiento específico para el trastorno de estrés postraumático será determinado por el médico de su hijo adolescente basándose en lo siguiente:
- la edad de su hijo, su estado general de salud y sus antecedentes médicos
- la gravedad de los síntomas
- la tolerancia de su hijo a determinados medicamentos o terapias
- las expectativas para la evolución del trastorno
- su opinión o preferencia
Es importante saber que el PTSD puede tratarse. La detección e intervención precoces son muy importantes y pueden reducir la gravedad de los síntomas, estimular el crecimiento y el desarrollo normal del adolescente y mejorar la calidad de vida de los niños o adolescentes que padecen el trastorno. El tratamiento siempre debe basarse en una evaluación integral del adolescente y de la familia y puede incluir la terapia cognitiva conductual. Este tipo de terapia se concentra en ayudar al niño o adolescente a adquirir habilidades para controlar su ansiedad y dominar la o las situaciones que contribuyeron al desarrollo del trastorno. Algunos adolescentes también se benefician del tratamiento con medicamentos antidepresivos o contra la ansiedad, que los ayudan a tranquilizarse. El grado de recuperación de PTSD es muy variable y depende de la fortaleza interna, la capacidad para enfrentar dificultades y la capacidad de recuperación (habilidad para "levantarse") del niño o el adolescente. Además, el apoyo del entorno familiar también resulta fundamental en la recuperación. Los padres desempeñan un papel vital de apoyo en cualquier proceso de tratamiento.
Las medidas preventivas para reducir la incidencia o disminuir las posibilidades de las experiencias traumáticas en los adolescentes incluyen, entre otras, las siguientes:
- Enseñar al niño que está bien decirle NO a alguien que intenta tocar su cuerpo o acercarse de cualquier manera que lo haga sentir incómodo.
- Enseñar al niño que está bien contarle de inmediato a un adulto de su confianza que alguien lo ha hecho sentir incómodo.
- Brindar el apoyo y los consejos adecuados a los niños y los adolescentes que hayan experimentado o presenciado un suceso traumático.
- Fomentar los programas de prevención en la comunidad o en el sistema escolar de la zona.
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